El proceso de Fecundación In Vitro (FIV) ha evolucionado muchísimo, es más fácil, cómodo, menos agresivo, con muchos menos efectos secundarios y con una tasa de éxito muy superior a como se realizaba hace años. La primera niña nacida de un tratamiento de Fecundación in Vitro fue Louise Brown, que nació en Bristol en 1978. En aquel momento, el proceso de Fecundación In Vitro era un tratamiento experimental, pero hoy por hoy, podemos decir que es la técnica de Reproducción Asistida por excelencia.

El proceso de FIV consta de tres fases: estimulación ovárica; recuperación e inseminación de los ovocitos; y transferencia embrionaria y “beta espera”.

Estimulación ovárica

Consiste en aportar medicación (generalmente inyectada) con el objetivo de que los ovarios, en lugar de producir un único folículo que es lo que producen mensualmente, produzcan un número más elevado de óvulos. Para controlar el crecimiento y la madurez de los óvulos, se hacen ecografías y análisis de sangre para determinar los niveles de estradiol (que es la hormona que producen los folículos). Esta primera fase dura entre 8 y 10 días y son necesarias entre 1 y 3 visitas a la clínica para los controles. La medicación está preparada para que la paciente puede inyectársela en casa sin ningún problema. En esta fase la paciente puede hacer su vida normal.

Recuperación de los ovocitos e inseminación

Una vez que se comprueba que el ovario tiene folículos con aspecto de contener óvulos maduros en su interior, se programa la recuperación de los ovocitos. Ésta se hace mediante punción folicular, es decir, pinchando los ovarios y aspirando el contenido de los folículos con la ayuda de una sonda ecográfica vaginal. Este procedimiento no suele durar más de 10 minutos y se hace generalmente bajo sedación para que no ocasione molestias. El día de la punción folicular es importante que la paciente haga reposo absoluto para minimizar el riesgo de que el ovario sangre en los puntos en que ha sido puncionado.

De esta forma se obtienen los óvulos que en el laboratorio se inseminan con los espermatozoides mediante FIV convencional o microinyección espermática (ICSI). La FIV convencional consiste en poner un óvulo en contacto con muchos espermatozoides esperando que fecunde el “mejor” (esto es lo que ocurre en la naturaleza). La ICSI consiste en microinyectar un único espermatozoide en el interior del ovocito. En función de cuáles sean las características de los óvulos y del semen, se decide qué técnica utilizar.

Al día siguiente de la punción, los biólogos observan la fecundación. Los embriones se colocan en un medio de cultivo especial que les proporciona los nutrientes necesarios para su desarrollo y se introducen en un incubador que reproduce al máximo las condiciones intrauterinas.

Transferencia embrionaria y “Beta espera”

La evolución de los embriones se monitoriza a diario, con máximo cuidado para no alterar sus condiciones. El tiempo que un embrión está en el medio de cultivo es variable (entre 2 y 6 días) y depende de su evolución y de la historia de la pareja decidir cuál es el momento más adecuado para hacer la transferencia. Los días más frecuentes para la transferencia embrionaria son el 3º, en estadío de células, y el 5º día, en estadío de blastocisto.

La transferencia embrionaria consiste en introducir los embriones en el interior del útero. Este procedimiento es muy sencillo y no produce molestias. El biólogo coloca el embrión en una cánula, que el ginecólogo introduce a través del cuello del útero para depositarlo, con sumo cuidado, en el interior de la cavidad uterina. En España es legal transferir hasta tres embriones. En URH García del Real, para decidir el número de embriones a transferir, tenemos en cuenta la historia clínica de la pareja, pero somos partidarios de hacer transferencia de embrión único siempre que esto sea posible, para minimizar la tasa de embarazo múltiple con todos los riesgos que conlleva.

La fase llamada de “beta espera” por las pacientes, va desde la transferencia embrionaria hasta la prueba de embarazo. En este periodo, a la paciente se le da un tratamiento con progesterona (generalmente en forma de comprimidos vaginales), para que el útero esté en las mejores condiciones para favorecer la implantación del embrión. En este tiempo se recomienda a la paciente que no haga grandes esfuerzos, ni deporte, ni mantenga relaciones sexuales. El motivo de este “reposo relativo” no es favorecer la implantación, sino evitar complicaciones en los ovarios por el aumento de tamaño que sufren durante la estimulación. A los 15 días de la punción folicular es posible saber si la paciente está embarazada, haciendo una prueba en sangre que detecta la presencia de la hormona de embarazo (Beta HCG).

Tras leer esto puede parecer que proceso de Fecundación in Vitro es un tratamiento complicado y difícil de compatibilizar con la vida habitual. Sin embargo, la evolución de los fármacos y en las presentaciones de los mismos, la capacidad para ajustar las dosis e individualizarlas para cada paciente y los medios técnicos con los que hoy contamos, hacen que la inmensa mayoría de las pacientes puedan compatibilizar el proceso de Fecundación in Vitro con su actividad diaria habitual (tanto personal como profesional) con la única salvedad de hacer reposo el día de la punción folicular.

En URH García del Real, cuidamos todos los detalles: desde el diagnóstico hasta el alta de la paciente. Además existe un teléfono 24h para resolver todas tus dudas durante el tratamiento. Con ello, conseguimos que os sintáis más arropadas además de obtener una tasa de éxito superior a la media española.

Dra. Laura Blasco Gastón – Ginecóloga especialista en Reproducción Asistida