El sangrado en un tratamiento de fecundación in vitro (FIV) es un síntoma que pone en alerta a la paciente. En la mayoría de los casos no suele tener relevancia, pero es importante comunicarlo al ginecólogo que supervisa el tratamiento por si hubiera que hacer algún ajuste en la medicación. En las pacientes que toman tratamientos antiagregantes o anticoagulantes durante la fecundación in vitro, el sangrado puede prolongarse durante un tiempo algo mayor, sin que ello signifique necesariamente un problema. A continuación, pasamos a analizar los momentos, las causas y la actitud a seguir en la posible asociación de la fecundación in vitro y sangrado.

Estimulación ovárica:

Durante los primeros días de la estimulación ovárica de un ciclo de fecundación in vitro, el sangrado es normal, pues la estimulación comienza durante la menstruación. Si el sangrado se prolonga un poco más de lo habitual, puede ser porque los niveles hormonales aún sean insuficientes para permitir que el endometrio prolifere. En ciertos casos, puede ser recomendable un aumento de la dosis de medicación.

Si el sangrado aparece al final de la estimulación ovárica del tratamiento de fecundación in vitro, será necesario comprobar el grosor y aspecto endometrial por ecografía y los niveles de estradiol y progesterona en sangre para decidir si hacer o no la transferencia embrionaria en fresco. En caso de que el endometrio no tenga las condiciones adecuadas, puede ser preferible congelar los embriones y posponer la transferencia.

Punción folicular:

El procedimiento para recuperar los ovocitos consiste en introducir una aguja fina desde la vagina hasta el ovario (con control ecográfico) con la que aspiraremos el líquido folicular. Al hacer la punción folicular en un tratamiento de fecundación in vitro, siempre se produce un mínimo sangrado en los puntos a través de los cuales hemos introducido la aguja. Aunque se trata de un sangrado auto limitado que desaparece tras una leve presión, es posible que queden restos hemáticos en la vagina que la paciente irá expulsando junto con las secreciones vaginales. Por este motivo, las pacientes que se han sometido a una FIV pueden continuar con un manchado rosado o marronáceo hasta 2-3 días después de la punción. En caso de que la paciente tenga un sangrado similar al de la menstruación, debe consultar con la clínica de fertilidad que en la que haya hecho el tratamiento, para que se descarte alguna posible complicación.

Las pacientes que tomen tratamiento antiagregante o anticoagulante deberán suspenderlo antes de la punción, para reducir el riesgo de sangrado. En función del fármaco que tomen, el ginecólogo les indicará cual es el momento adecuado para hacerlo.

En muy raras ocasiones, tras la punción folicular en un tratamiento de fecundación in vitro, puede producirse un sangrado en el interior de la cavidad abdominal (hemoperitoneo). Para reducir al mínimo este riesgo, a las pacientes que se someten a un tratamiento de fecundación in vitro se les recomienda realizar reposo el día de la punción folicular.

Transferencia embrionaria:

El procedimiento mediante el cual se realiza la transferencia de el/los embriones al interior del útero es un proceso sencillo e indoloro en la mayoría de las pacientes. No es frecuente el sangrado durante la transferencia embrionaria, pero en algunos casos puede aparecer, sin que afecte a la implantación embrionaria.

En ocasiones puede haber algún pequeño pólipo en el cuello del útero, o un aumento de vascularización en el mismo, que sangra al contacto con las gasas que se utilizan para eliminar los restos de progesterona. En otros casos, el trayecto del cuello del útero puede ser tortuoso y, como consecuencia, acceder al interior de la cavidad uterina puede costar un poco. No es raro que, en el intento de canalizar el cérvix, se produzca algún mínimo roce de la pared del cuello que haga que la paciente tenga un leve sangrado. Para evitar que esta sangre entre en contacto con el embrión, al canalizar el cuello con la cánula de prueba, se deja la vaina del catéter e introducimos a través de ella la cánula con el/los embriones.

Fase lútea:

El tiempo de espera desde la transferencia hasta la prueba de embarazo suele ser el más complicado para la mayoría de las pacientes que se someten a un tratamiento de fecundación in vitro y es en este momento cuando más les puede preocupar el sangrado.

El sangrado en los días previos a la beta es relativamente frecuente y no necesariamente implica un mal resultado. La implantación embrionaria comienza a los pocos días de la transferencia y se prolonga durante las primeras semanas de gestación. Conforme el embrión va anidando en el espesor del endometrio, la vascularización de esa zona se incrementa y, en ocasiones, algún pequeño vasito puede romperse manifestándose como sangrado. Por este motivo siempre se insiste a las pacientes que confirmen el resultado del tratamiento mediante una prueba de embarazo en el día adecuado, aunque estén manchando. Cuando aparece un sangrado en esta fase, en ocasiones el ginecólogo puede recomendar aumentar la dosis de progesterona vaginal o cambiar la vía de administración.  La progesterona tiene un efecto musculo relajante, disminuye las contracciones uterinas, disminuyendo también el sangrado tras la fecundación in vitro.

Si la paciente está tomando antiagregantes o anticoagulantes durante el tratamiento de fecundación in vitro, deberá consultar con su ginecólogo en caso de sangrado para valorar si cree conveniente suspender o cambiar la dosis. En el caso de los sangrados en fase lútea se debe valorar el riesgo/beneficio en función de la causa que haya motivado el tratamiento, para ver cuál es la opción más adecuada para cada paciente.

Como resumen, podemos decir que la relación de fecundación in vitro y sangrado puede ser normal y vinculada a un resultado positivo de embarazo, pero es conveniente comunicarlo al equipo que lo supervisa para que se tomen las medidas adecuadas en cada momento.

Dra. Laura Blasco Gastón – Ginecóloga especialista en Reproducción Asistida